Aproximación al Anticlasicismo Gótico
Ahora bien, es posible señalar dos facetas importantes en la definición de belleza; siguiendo siempre la doctrina de Santo Tomás: “Se dicen hermosas las cosas que vistas agradan” (Derisi, Octavio. Op. cit. pág. 19). La primera faceta es “la objetiva (que es la bella en sí) y la segunda, la subjetiva (como se llega a captar esa belleza), problema metafísico y problema psicológico o estético, respectivamente”. (Derisi, Octavio. Op. cit. pág. 19).
El ascenso y descenso de la belleza en si misma, desde el Acto Puro, ser en sí, hasta el último enteramente material, pasando por los seres puramente espirituales: los ángeles, los espirituales unidos a la materia: el hombre, los sensitivos y vegetativos, va otorgándole mayor o menor perfección o hermosura a medida que se acerca o se aleja de la infinita belleza, Dios o Acto Puro. “Toda forma es bella, dice O. derisi, en la medida misma de su perfección – como que con ella está identificada la belleza – de la preponderancia del acto o ser que encierra o, lo que es lo mismo, en la medida de su alejamiento de la potencia . . .” (Derisi, Octavio. Op. cit. pág. 20).
A mayor esplendor y claridad a nuestra limitada inteligencia, mayor hermosura; “De aquí que la inteligibilidad de la forma mide a la vez y en la misma medida el grado de belleza; y como la inteligibilidad está determinada y formalmente identificada con la misma perfección del ser, síguese que la jerarquía de la belleza está determinada también por la jerarquía de la realización ontológica de su ser. De ahí que el grado de belleza dependa del grado de perfección ontológica de la forma y no precisamente del grado de claridad con que se nos presenta.” (Derisi, Octavio. Op. cit. pág. 20).
Sobre lo último dicho conviene distinguir entre el esplendor en sí, ontológico, de la forma y claridad conceptual del mismo, siendo el primero el necesario para la belleza; por ello aclara el filósofo francés Maritain el equívoco sobre la palabra claridad, inteligibilidad, luz de las formas que precisamente no lo es así. “ Para nosotros, sino más bien algo claro y luminoso en sí, y que suele ser lo que queda oscuro a nuestros ojos, ya sea por causa de la materia en que la forma está metida, ya sea por la trascendencia de la misma forma para las cosas del espíritu ( . . .) (Maritain, J. Los problemas de la belleza. Citado por O. Derisi, Op. cit. pág. 20).

Arquitectura y Diseño

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